Eduardo “Lalo” García, un chef mexicano originario de Guanajuato, ha transformado la adversidad en triunfo, pasando de ser un migrante deportado de Estados Unidos a ganar una estrella Michelin con su restaurante Máximo en la Ciudad de México. Su historia, marcada por la lucha y la resiliencia, desafía los estigmas sobre la migración y demuestra que el “sueño mexicano” es una realidad palpable. Desde sus días como lavaplatos en Atlanta hasta liderar una cocina de prestigio mundial, García inspira con su mensaje de esperanza y trabajo en equipo.
De los campos a las cocinas
A los nueve años, García migró con su familia a Estados Unidos, donde trabajó recolectando frutas y verduras en los campos de Atlanta. La exposición a pesticidas le dejó marcas en la piel y la pérdida de cabello, mientras que su padre falleció de cáncer gastrointestinal debido a las mismas sustancias, según relató en una entrevista con EFE. “Los migrantes hacemos los trabajos que nadie más quiere”, afirmó García, criticando el discurso que criminaliza a quienes cruzan la frontera para “mejorar la vida del norteamericano”.
Por ejemplo, García destacó que la migración mexicana a menudo es “casi forzada” por la falta de apoyo al campo. El tratado de libre comercio con EE.UU. y Canadá, aunque beneficioso, ha devastado la agricultura mexicana al encarecer el cultivo y abaratar las ganancias, según el chef. Esta realidad llevó a su familia, como a muchas otras, a buscar oportunidades en el norte.
Dos deportaciones, un nuevo comienzo
La vida de García dio un giro en 2000, cuando fue deportado por primera vez de EE.UU. Regresó, pero en 2007 enfrentó una segunda expulsión que le prohibió volver al país. “Estoy orgulloso de haber decidido no regresar y desarrollarme en México”, expresó. Este punto de inflexión lo llevó a la Ciudad de México, donde comenzó a construir su carrera culinaria desde cero. Su restaurante Máximo, que fusiona la cocina mexicana con técnicas francesas, abrió en 2011 y ha figurado desde 2015 en la lista de Latin America’s 50 Best Restaurants.
En junio de 2025, Máximo recibió su primera estrella Michelin, un reconocimiento que García atribuye al esfuerzo colectivo. “Solo no lo hubiera logrado”, confesó, destacando la importancia de su equipo, que incluye a otros mexicanos retornados de EE.UU. Uno de ellos, contratado recientemente, dejó el país vecino por temor a la persecución racial: “No quería terminar en la cárcel por ser de piel morena”, relató García.
El sueño mexicano es real
García rechaza la idea de que México es un lugar sin oportunidades. “El sueño mexicano existe. Conozco a muchos que regresaron de EE.UU. y les va muy bien aquí. Lo importante es creer en ti”, afirmó. Su restaurante, ubicado en la colonia Roma, no solo celebra los sabores mexicanos, sino que también emplea a migrantes retornados que traen experiencia culinaria del extranjero. En 2024, Máximo sirvió a 42,000 comensales, con un 20% de aumento en reservas tras la estrella Michelin, según datos internos del restaurante.
Además, García canaliza su éxito hacia causas sociales. Como embajador de Save the Children, organiza unas 20 cenas benéficas al año, donando las ganancias a la organización que apoya a niños vulnerables. “Me tocó el corazón haber sido un niño migrante”, confesó, soñando con que más chefs se sumen a esta iniciativa. En 2024, sus cenas recaudaron 1.2 millones de pesos para la ONG, según reportes de Save the Children México.
Un mensaje contra la estigmatización
La trayectoria de García llega en un momento crítico. Las políticas migratorias del presidente Donald Trump han intensificado las deportaciones, con 324,000 personas expulsadas en los primeros 200 días de su administración, según el Departamento de Seguridad Nacional. García critica la narrativa que demoniza a los migrantes, recordando las condiciones precarias que enfrentan: “Nos pagan poco, y cuando no nos necesitan, nos echan”. Su historia, sin embargo, es un testimonio de resiliencia. Desde lavar platos hasta liderar una cocina galardonada, García demuestra que el talento y la determinación pueden superar las barreras.
Pese a todo, el chef sigue mirando hacia adelante. Planea abrir un segundo restaurante en 2026, enfocado en la cocina regional de Guanajuato, y continuar su labor social. Mientras tanto, Máximo sigue siendo un faro de la gastronomía mexicana, atrayendo a comensales de todo el mundo y mostrando que los sueños, incluso tras la deportación, pueden florecer en México.
