El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, acusó a Estados Unidos de orquestar un plan “inmoral, criminal e ilegal” para derrocar su gobierno mediante un “cambio de régimen terrorista y militar”. Las declaraciones, emitidas el 22 de agosto desde la Asamblea Nacional en Caracas, responden al despliegue de tres buques de guerra estadounidenses en el Caribe, cerca de aguas venezolanas, como parte de una operación antidrogas anunciada por el presidente Donald Trump. Maduro calificó esta acción como una amenaza directa a la soberanía de su país, intensificando las tensiones entre Washington y Caracas en un contexto de sanciones y acusaciones mutuas.
Un despliegue militar que enciende alarmas
Durante un discurso transmitido por cadena nacional, Maduro denunció que el envío de tres destructores clase Aegis y 4,000 marines al Caribe, según reportes de CNN, busca no solo combatir el narcotráfico, sino imponer un cambio de régimen. “Esto no es sobre drogas, es sobre poder. Quieren repetir los fracasos de Vietnam, Irak y Libia en Venezuela”, afirmó. La operación, respaldada por el Departamento de Seguridad Nacional, incluye aviones y lanzamisiles, lo que Maduro interpretó como una escalada militar sin precedentes en la región.
Por ejemplo, el líder venezolano señaló que el derecho internacional prohíbe “la amenaza y el uso de la fuerza contra estados soberanos”. Agradeció el respaldo de países como China, Rusia, Irán y los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), que han condenado la presencia militar estadounidense. El secretario general de la ONU, António Guterres, instó el jueves a ambas naciones a resolver sus diferencias por “medios pacíficos”.
Respuesta venezolana: Milicias y movilización
En respuesta, Maduro ordenó el despliegue de 4.5 millones de milicianos en todo el país, una medida anunciada el lunes tras el aumento de la recompensa de EE.UU. por su captura a 50 millones de dólares, según el Departamento de Estado. El viernes, convocó una jornada de alistamiento para el fin de semana, instando a los venezolanos a “unir la voluntad nacional” y dejar de lado las diferencias internas. “Dios está con los justos, y Venezuela ganará la paz”, proclamó, evocando un mensaje de unidad frente a lo que describió como una agresión externa.
Además, Maduro acusó a EE.UU. de fabricar una crisis para justificar una intervención. La Casa Blanca, por su parte, defendió su operación como una respuesta al narcotráfico, alegando que el “Cártel de los Soles”, liderado por Maduro, trafica cientos de toneladas de cocaína a EE.UU., según un informe del Departamento del Tesoro del 25 de julio. La administración Trump también ha designado al grupo venezolano Tren de Aragua y al Cártel de Sinaloa como organizaciones terroristas, intensificando las sanciones contra Caracas.
Un historial de tensiones
La relación entre EE.UU. y Venezuela ha sido tensa desde que Washington dejó de reconocer a Maduro como presidente tras las elecciones de 2018, consideradas fraudulentas por más de 50 países. En 2020, el Departamento de Justicia acusó a Maduro y otros funcionarios de “narcoterrorismo”, ofreciendo inicialmente 15 millones de dólares por su captura. Este año, las sanciones se han endurecido, con el Tesoro designando al Cártel de los Soles como patrocinador de grupos criminales, una acusación que Maduro rechaza como “propaganda imperialista”.
Sin embargo, un memorando de inteligencia desclasificado en mayo, citado por Axios, indica que el régimen de Maduro “probablemente no dirige” las operaciones de Tren de Aragua en EE.UU., aunque algunos funcionarios venezolanos podrían facilitar su migración. Esta contradicción ha generado críticas al argumento de Trump para justificar medidas como la invocación de la Ley de Enemigos Extranjeros, que permite deportaciones sin debido proceso.
La región en alerta
La escalada ha puesto en alerta a América Latina. Países como Colombia y Brasil expresaron preocupación por la presencia militar estadounidense, mientras que Cuba y Nicaragua asistieron a la toma de posesión de Maduro el 10 de enero, según el Departamento de Estado. En Venezuela, las protestas postelectorales de julio de 2024 dejaron 25 muertos y más de 2,000 detenidos, según Human Rights Watch, lo que ha avivado las críticas internacionales al régimen.
Pese a todo, Maduro insiste en que su país resistirá. Mientras las milicias se preparan y los buques estadounidenses patrullan el Caribe, la región observa con cautela un conflicto que podría redefinir las relaciones entre EE.UU. y América Latina.
