EN PORTADA MURO FRONTERIZO “INTOCABLE”
Foto: EFE

Noem revela que EE.UU. pintará el muro con México de negro para “quemar” a quienes intenten escalarlo.

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En un movimiento que ha generado tanto controversia como titulares, la secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Kristi Noem, anunció que el muro fronterizo con México será pintado de negro para aumentar su temperatura y dificultar los intentos de cruce irregular. La medida, ordenada directamente por el presidente Donald Trump, busca reforzar la seguridad fronteriza haciendo que la estructura metálica sea “intocable” debido al calor extremo que absorberá bajo el sol del desierto. Esta iniciativa, presentada durante una conferencia de prensa en Santa Teresa, Nuevo México, se enmarca en una ambiciosa agenda migratoria que incluye la finalización del muro y un endurecimiento de las políticas de deportación.

Una estrategia para disuadir cruces irregulares

Durante su visita al tramo del muro en Santa Teresa, Noem destacó las características físicas de la barrera: “Es alta, lo que la hace muy, muy difícil de escalar, casi imposible. También se adentra profundamente en el suelo, lo que haría muy difícil, si no imposible, excavar bajo ella”.

El color negro, explicó Noem, responde a una lógica práctica: “Con las altas temperaturas de aquí, cuando algo se pinta de negro, se calienta aún más y dificultará aún más que la gente suba”. La secretaria subrayó que esta medida, solicitada por el presidente Trump, busca disuadir a los migrantes al hacer que el contacto con la estructura sea físicamente insoportable. Además, el jefe de la Patrulla Fronteriza, Mike Banks, añadió que la pintura negra también ayudará a prevenir la oxidación del metal, prolongando la vida útil del muro en las duras condiciones climáticas del suroeste estadounidense.

Noem participó simbólicamente en la aplicación de la pintura, utilizando un rodillo frente a los medios de comunicación, mientras enfatizaba el mensaje político de la administración: “Queremos enviar un mensaje claro: no crucen ilegalmente, cumplan nuestras leyes y entonces podrán tener la oportunidad de perseguir el ‘sueño americano’”.

Un proyecto multimillonario

La decisión de pintar el muro de negro no es nueva. Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) probó esta estrategia en las secciones de Arizona y Nuevo México, pero los costos estimados en 2020, cercanos a los 500 millones de dólares, frenaron la iniciativa. Ahora, con un nuevo paquete legislativo conocido como el One Big Beautiful Bill, aprobado por el Congreso en julio, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha recibido 46,000 millones de dólares para completar el muro, incluyendo 1.2 millones por milla solo para el pintado, según estimaciones de la Congressional Budget Office (CBO).

El proyecto incluye no solo el cambio de color, sino también la instalación de cámaras, sensores y sistemas de detección adicionales, así como la construcción de “infraestructura acuática” en áreas cercanas al Río Grande en Texas. Noem señaló que el gobierno está construyendo aproximadamente 800 metros de barrera por día, adaptando el diseño a la topografía y geografía de cada región.

Contexto migratorio y datos recientes

La medida se implementa en un momento en que los cruces irregulares en la frontera sur han alcanzado mínimos históricos. Según la CBP, en julio se registraron 4,601 detenciones en la frontera suroeste, un 24% menos que en junio y un 92% menos que en julio de 2024, cuando se reportaron más de 56,000 arrestos. Noem destacó que, por tercer mes consecutivo, no se han liberado migrantes bajo libertad condicional, y más de 1.6 millones de personas han retornado voluntariamente a sus países desde el inicio del segundo mandato de Trump en enero.

A pesar de estas cifras, la administración Trump ha intensificado sus esfuerzos para reforzar la frontera, combinando la finalización del muro con deportaciones masivas y un mayor despliegue de agentes fronterizos. La Casa Blanca afirma que estas políticas han “obliterado” la crisis migratoria, aunque críticos argumentan que los flujos migratorios persisten, desplazándose hacia rutas más peligrosas.

Críticas y preocupaciones

La decisión de pintar el muro de negro ha generado críticas entre analistas, organizaciones de derechos humanos y legisladores demócratas, quienes cuestionan su eficacia y costo. Según Human Rights Watch y estudios de la Universidad de California en San Diego, las barreras físicas no detienen completamente la migración, sino que desvían a los migrantes hacia zonas más peligrosas, incrementando riesgos de lesiones o muertes. En 2024, se documentaron más de 900 fallecimientos de migrantes en intentos de cruce, la cifra más alta registrada.

Organizaciones como Sky Island Alliance han denunciado el impacto ambiental del muro, argumentando que afecta ecosistemas, manantiales y la vida silvestre, además de dañar tierras y culturas indígenas. La construcción acelerada, facilitada por exenciones legales otorgadas por Noem, ha ignorado al menos 84 leyes ambientales, según la Real ID Act de 2005.

Por otro lado, el DHS defiende la medida, argumentando que el muro es “un monumento al compromiso inquebrantable del presidente Trump con la seguridad del pueblo estadounidense.” Sin embargo, el alto costo del pintado –estimado en más de 500 millones de dólares– ha sido criticado como un gasto ineficiente, especialmente cuando no hay pruebas concluyentes de que el calor disuada efectivamente los cruces.

Reacciones internacionales y locales

En México, la medida ha generado reacciones mixtas. Mientras algunos ven la iniciativa como un gesto político de la administración Trump para reforzar su narrativa antiinmigrante, otros advierten sobre los riesgos humanitarios. La posibilidad de quemaduras graves al intentar escalar un muro calentado por el sol podría aumentar las tragedias en la frontera, según expertos en migración.

En Santa Teresa, una zona crítica por su cercanía a Ciudad Juárez, los residentes locales observan con preocupación el impacto económico y social de estas políticas. La región, conocida por su actividad de contrabando, enfrenta ahora una mayor militarización, lo que podría afectar las relaciones transfronterizas.

El futuro del muro

Con un costo total de 46,000 millones de dólares y una finalización proyectada para 2029, según el vicepresidente James David Vance, el muro fronterizo sigue siendo un símbolo polarizante. Para la administración Trump, representa una herramienta clave para el control migratorio; para sus detractores, es una solución costosa e ineficaz que no aborda las causas profundas de la migración.

Mientras el gobierno de Estados Unidos avanza con la pintura negra y la modernización del muro, el debate sobre su efectividad y su impacto humanitario continúa. La frontera sur sigue siendo un laboratorio de políticas migratorias donde la tecnología, la política y los derechos humanos se entrelazan en una compleja batalla por el control y la seguridad.

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