EN PORTADA: CRISIS ECONÓMICA

Lo que más duele a los hogares americanos no son las cifras macroeconómicas, sino los incrementos palpables en los gastos esenciales.
EN PORTADA: CRISIS ENCONÓMICA Trump tiene un grave problema económico. La Casa Blanca culpa a Biden y a los migrantes.
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Trump tiene un grave problema económico. La Casa Blanca culpa a Biden y a los migrantes.

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EN PORTADA: CRISIS ENCONÓMICA Trump tiene un grave problema económico. La Casa Blanca culpa a Biden y a los migrantes.

En un clima de creciente descontento, la economía estadounidense se tambalea bajo el peso de una inflación persistente y costos de vida disparados. Donald Trump, quien regresó a la Casa Blanca con la promesa de un renacimiento económico, enfrenta ahora una realidad cruda: una nación que lo percibe como incapaz de cumplir sus compromisos. La última encuesta de Fox News, publicada esta semana, revela un panorama sombrío. Un abrumador 76% de los estadounidenses ve la economía de manera negativa, un salto alarmante desde el 67% registrado en julio. Esta frustración no es abstracta; se traduce en facturas que no cuadran, en cenas familiares recortadas y en un futuro que parece cada vez más incierto.

La encuesta, realizada entre el 10 y el 13 de noviembre con una muestra de 1.000 adultos, captura el pulso de una sociedad agotada. Solo el 15% de los encuestados cree que las políticas de Trump han mejorado la situación económica del país, mientras que un devastador 46% opina lo contrario. Esta brecha de -31 puntos en la percepción neta es muy parecida a la de -30. Esta última marcó el final del mandato de Joe Biden. Es un recordatorio doloroso de que los ciclos políticos no siempre rompen con la desilusión. Expertos en encuestas, como el analista de Fox News John Roberts, han llamado a estos datos “una señal de alerta” para el gobierno republicano. Este gobierno apostó todo a su mensaje de “América primero” para cambiar el declive que heredó.

El peso de los costos cotidianos

Lo que más duele a los hogares americanos no son las cifras macroeconómicas, sino los incrementos palpables en los gastos esenciales. Una clara mayoría en la encuesta de Fox News reporta subidas en los costos de los servicios públicos (78%), la atención médica (67%) y la vivienda (66%). Para familias como la de María López, una madre soltera de Ohio que trabaja dos turnos en un supermercado, estos números son una carga diaria. “La luz sube, el alquiler sube, y ni siquiera puedo llevar a mis hijos al médico sin pensar en el copago”, confiesa López en una entrevista reciente. Esta realidad se repite en suburbios y ciudades por igual, donde el sueño americano se ve erosionado por facturas que devoran los salarios.

En este contexto, la vivienda emerge como el talón de Aquiles. Con alquileres promedio que han escalado un 12% en el último año según datos del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano, millones de estadounidenses posponen compras o mudanzas. La atención médica, meanwhile, sigue siendo un laberinto de deducibles y primas crecientes, agravado por la falta de reformas estructurales bajo Trump. Y los servicios públicos, desde la electricidad hasta el agua, reflejan el impacto de la inflación energética, que ha resistido los esfuerzos por diversificar fuentes. Estos aumentos no son meras estadísticas; son el combustible de un malestar que se filtra en las urnas y las conversaciones cotidianas.

Un informe de empleo contradictorio

Justo cuando la encuesta de Fox News pintaba un retrato de pesimismo, el Departamento de Trabajo soltó un informe de empleo que ofrece una instantánea mixta del mercado laboral. Retrasado por el cierre parcial del Gobierno que paralizó operaciones federales durante semanas, el reporte de septiembre reveló la creación de 119.000 puestos de trabajo, un repunte inesperado en medio de una desaceleración general. Analistas como Mark Zandi de Moody’s Analytics lo han calificado de “respiro temporal”, atribuido en parte a contrataciones estacionales en retail y servicios. Sin embargo, esta ganancia se ve empañada por un desempleo que trepó al 4,2%, el nivel más alto en casi cuatro años, afectando especialmente a trabajadores de bajos ingresos y minorías.

Los datos, recopilados antes del caos presupuestario de octubre, podrían ser los últimos “limpios” por un tiempo. La Oficina de Estadísticas Laborales anunció que no publicará un informe separado para octubre; en su lugar, integrará esos números en el reporte de noviembre, programado para el 16 de diciembre. Este retraso complica la planificación empresarial y alimenta la incertidumbre. En un panorama donde aranceles elevados, inflación al 3,5% y tasas de interés en el 5,25% actúan como frenos, el informe subraya la fragilidad: empleos nuevos, sí, pero con salarios estancados que apenas compensan el costo de vida. Economistas independientes advierten que, sin intervenciones drásticas, el momentum podría evaporarse antes de fin de año.

Señales de alerta en las ganancias corporativas

El pulso económico no solo late en los reportes gubernamentales; también en los balances de las grandes empresas. Esta semana, las ganancias trimestrales de gigantes como Procter & Gamble y Coca-Cola han mostrado grietas: consumidores cautelosos recortan en productos no esenciales, optando por marcas blancas o posponiendo compras. Empresas reportan un “efecto frugalidad”, donde el gasto discrecional cae un 8% interanual, según un análisis de Barclays. Este comportamiento refleja una economía en modo supervivencia, donde el optimismo postelectoral de Trump choca con la realidad de carteras apretadas.

En medio de esta tormenta, Walmart emerge como un faro improbable. La cadena minorista reportó un aumento vertiginoso en ventas del 6,2% en su tercer trimestre fiscal, ganando cuota de mercado a expensas de competidores premium. Según un artículo de CNN Business publicado hoy, “Walmart acaba de demostrar que podría ser la solución de Estados Unidos a la crisis de asequibilidad”. Millones de americanos, ahogados por los precios, acuden a sus pasillos en busca de gangas en comestibles y ropa. Walmart elevó su pronóstico de ventas para el año, proyectando un crecimiento del 4-5%, impulsado por su modelo de precios bajos. CEO Doug McMillon lo atribuye a “la resiliencia de nuestros clientes”, pero críticos lo ven como síntoma de una brecha creciente: mientras los ricos resisten, la clase media baja migra a lo básico.

Esta dinámica Walmart ilustra la polarización económica. En un país donde el PIB crece al 2,1%, la prosperidad no gotea hacia abajo. En cambio, fortalece a jugadores como Walmart, que ahora controla el 25% del mercado de supermercados. Para la administración Trump, esto es un arma de doble filo: valida su retórica de “empresas americanas primero”, pero expone el fracaso en hacer la economía accesible para todos.

Culpar al pasado y a la frontera

Aquí entra la estrategia de desviación: la Casa Blanca apunta dedos lejos de Pennsylvania Avenue. Asesores culpan a Biden por la “herencia tóxica” de inflación y déficits, un eco de la encuesta de Fox News donde el -30 de Biden se usa para relativizar el -31 actual. Pero el golpe más controvertido vino del secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien el domingo en Fox News achacó los precios de la carne a migrantes indocumentados. “Debido a la inmigración masiva, una enfermedad de la que nos habíamos librado en Norteamérica se abrió camino desde Sudamérica, ya que estos migrantes trajeron consigo parte de su ganado”, afirmó Bessent, refiriéndose al gusano barrenador del Nuevo Mundo, un parásito que EE.UU. y México combaten conjuntamente.

El Departamento del Tesoro no ha aclarado si Bessent aludía a vacas cruzando la frontera ilegalmente, una imagen que ha generado burlas en redes y críticas de expertos veterinarios. México, segundo proveedor de carne de vacuno para EE.UU., vio suspendidas temporalmente importaciones por alertas sanitarias, pero no por “migrantes con ganado”. Bessent insistió: “Esta es la tormenta perfecta, algo que hemos heredado”. Esta narrativa antiinmigrante resuena con la base trumpista, pero aliena a moderados y latinos, un grupo clave en el 2024.

Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional, defendió el enfoque en CNBC el lunes. “El poder adquisitivo ha mejorado con aumentos salariales del 4,5%”, argumentó, desviando la culpa de precios a “un millón de cosas” externas. Esto marca un giro de la campaña de 2024, donde Trump prometió bajar comestibles “en un día”. Ahora, la administración admite que logros a corto plazo son elusivos, priorizando salarios sobre deflación inmediata.

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