El sueño de miles de jóvenes migrantes de construir una carrera profesional en Estados Unidos se ha vuelto cada vez más difícil. Las recientes reformas al programa de visas H-1B impulsadas por el presidente Donald Trump han endurecido el acceso al mercado laboral y derivado en una reducción drástica del patrocinio empresarial. Las universidades estadounidenses, tradicionalmente vistas como un trampolín hacia oportunidades laborales, ahora se han convertido en un punto de incertidumbre para los estudiantes internacionales.
Para Ishaan Chauhan, un joven originario de la India que estudia informática y ciencia de datos en la Universidad de Wisconsin-Madison, la situación se siente como una “bofetada”. Esperaba que su título le abriera puertas, pero asegura que la mayoría de las empresas ni siquiera lo entrevistan cuando descubren que necesitará una visa de trabajo.
Estudiantes atrapados en un limbo legal
Chauhan forma parte de los más de 1,1 millones de estudiantes extranjeros matriculados actualmente en universidades estadounidenses, según el Instituto de Educación Internacional (IIE). Muchos de ellos consideran estudiar en EE.UU. una inversión para acceder a empleos en sectores clave como tecnología, finanzas o consultoría. Sin embargo, el escenario ha cambiado drásticamente desde que se implementó una tarifa de 100.000 dólares para las empresas que deseen patrocinar trabajadores extranjeros a través del programa H-1B.
Desde 2023, el porcentaje de ofertas laborales que ofrecen patrocinio de visa cayó del 10,9% al 1,9%, según la plataforma de empleo Handshake. En el sector tecnológico, históricamente uno de los más receptivos con el talento internacional, la caída ha sido aún más pronunciada.
La nueva normativa busca, según la Casa Blanca, “proteger los empleos y salarios estadounidenses”. La portavoz presidencial, Taylor Rogers, aseguró que “la medida de sentido común” pretende desalentar los abusos del sistema y priorizar la contratación de ciudadanos nacionales.
Reforma que divide opiniones
Las restricciones generaron un fuerte rechazo entre universidades y compañías tecnológicas. Amazon, Microsoft y Meta, grandes reclutadores de talento extranjero, advirtieron que la medida incrementará los costos y complicará los procesos administrativos. La Cámara de Comercio de EE.UU. incluso presentó una demanda judicial para frenar la aplicación del nuevo esquema, calificándolo de perjudicial para la competitividad del país.
Por otro lado, organizaciones afines al Gobierno defienden la reforma argumentando que restablece el equilibrio del mercado laboral. Aseguran que el patrocinio indiscriminado de visas ejercía presión sobre los salarios y dificultaba la contratación de trabajadores locales.
Sin embargo, para muchos jóvenes migrantes que apostaron por estudiar en universidades estadounidenses, la realidad es mucho más dura. Conseguir un empleo después de graduarse se ha vuelto un desafío lleno de obstáculos.
Un mercado laboral saturado
Los reclutadores universitarios confirman que las empresas se muestran cada vez más reticentes a considerar candidatos que necesiten visa. Kevin Collins, del Centro de Desarrollo Profesional de la Universidad Carnegie Mellon, explicó que “las compañías están siendo más cautelosas” ante la inestabilidad de las políticas migratorias. En consecuencia, los estudiantes extranjeros se ven obligados a enviar cientos de solicitudes para conseguir apenas unas pocas entrevistas.
La tasa de desempleo entre recién graduados de entre 22 y 27 años alcanzó el 5,8% en abril, la más alta desde 2021. Aunque el mercado laboral estadounidense está en desaceleración, quienes requieren patrocinio enfrentan una situación particularmente crítica.
Durante una feria profesional de biotecnología en Yale, una empresa anunció que no patrocinaría a estudiantes internacionales ante el largo periodo —de hasta nueve meses— entre la oferta y la fecha de inicio laboral. Ese margen de incertidumbre, combinado con los nuevos costos, complica aún más las decisiones de contratación.
Historias de frustración
Nikhil Kumar, de 25 años, llegó desde India para cursar una maestría en la Universidad de Clark, en Massachusetts. Con experiencia previa en Deloitte y una beca destacada, esperaba iniciar su carrera profesional en Estados Unidos. No obstante, tras marcar la opción de “requiere patrocinio de visa” en las solicitudes, recibió numerosos rechazos automáticos.
“En el momento en que lo indico, sé que la respuesta será negativa”, lamentó Kumar. Aun así, aseguró que comprende la política de priorizar a los ciudadanos estadounidenses, aunque considera injusto el grado de incertidumbre que enfrentan los extranjeros que ya residen legalmente en el país.
Casos similares abundan en distintas universidades. Prit Chakalasiya, otro estudiante indio, cursó una maestría en análisis de macrodatos en la Universidad Estatal de San Diego. Tras enviar más de 2.000 solicitudes y obtener solo tres entrevistas, logró unas prácticas temporales. Pero desde su graduación en mayo, su búsqueda laboral se ha vuelto frustrante. “No entiendo por qué la gente sigue viniendo a Estados Unidos. Las oportunidades ya no son las mismas”, reconoció.
Un futuro incierto para las universidades
Las instituciones académicas también comienzan a sentir el impacto. La caída del número de estudiantes internacionales podría afectar significativamente sus finanzas, especialmente en universidades que dependen de las matrículas extranjeras. Además, la reducción del patrocinio laboral limita el atractivo de los programas de posgrado, muchos de los cuales se promocionan como vías de acceso a empleos de alto nivel en el país.
Aunque la Casa Blanca ha aclarado que algunos recién graduados y estudiantes con visa F-1 estarán exentos de la tarifa, el temor persiste. Mientras tanto, los jóvenes migrantes se preparan para enfrentar un panorama donde el talento ya no es suficiente para alcanzar el sueño americano.
