En un giro histórico que ha sacudido los cimientos de la geopolítica energética global, el presidente Donald Trump confirmó este sábado 3 de enero de 2026 que Estados Unidos tendrá una participación “muy fuerte” en la industria petrolera de Venezuela. El anuncio llega solo unas horas después de que fuerzas especiales de EE. UU. y el FBI capturaran a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Esto ocurrió en una operación precisa en el centro de Caracas.
Desde su club de Mar-a-Lago en Florida, Trump describió la misión como un éxito rotundo, destacando que no se perdieron vidas de militares estadounidenses ni equipo durante la incursión. El mandatario reveló que el operativo se ejecutó bajo un apagón estratégico en la capital venezolana, aprovechando una “experiencia tecnológica específica” para dejar a oscuras los centros de mando del régimen. “Fue oscuro y fue mortal”, sentenció el presidente, subrayando que la capacidad militar de Maduro fue neutralizada en cuestión de horas.
Este movimiento marca la intervención más directa de Washington en América Latina desde la invasión de Panamá en 1989. Trump, quien ya había advertido a Maduro sobre la necesidad de entregarse una semana antes de la operación, aseguró que el país norteamericano asumirá las riendas de la nación suramericana de manera temporal. “Vamos a dirigir el país hasta que hagamos una transición segura y adecuada”, dijo. Aclaró que el control operativo es importante. Esto es para evitar un vacío de poder que beneficie a otros actores internacionales.
¿Cómo fue la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro?
La captura fue ejecutada por el Equipo de Rescate de Rehenes (HRT) del FBI, trabajando en conjunto con el ejército de los Estados Unidos. Según fuentes oficiales, el objetivo principal fue una “fortaleza militar fortificada” en el centro de Caracas, identificada posteriormente como Fuerte Tiuna. Durante la noche del 2 de enero y la madrugada del 3, las luces de la ciudad se apagaron. Esto permitió que helicópteros y aviones estadounidenses operaran sin problemas. Atacaron objetivos importantes, como la base aérea Generalísimo Francisco de Miranda y el puerto de La Guaira.
La Fiscal General de los Estados Unidos, Pam Bondi, confirmó a través de sus canales oficiales que Maduro y Flores ya han sido procesados en el Distrito Sur de Nueva York. Los cargos son severos: conspiración para el narcoterrorismo, importación de cocaína y posesión de armas destructivas. Bondi aseguró que la pareja enfrentará “toda la furia de la justicia estadounidense en suelo estadounidense”, agradeciendo la valentía del personal militar involucrado en desmantelar lo que calificó como un “narco-estado”.
A pesar de la magnitud de los ataques, Trump señaló que las infraestructuras de refinación y producción de petróleo se mantienen intactas. Fuentes cercanas a la operación dijeron a Reuters que los ataques fueron hechos para evitar daños colaterales. Esto es importante para la industria de hidrocarburos. Estados Unidos quiere reactivar esta industria con nuevos esquemas de supervisión. También planea asociarse con firmas privadas importantes a nivel mundial.
¿Qué implica que Estados Unidos planee “administrar” Venezuela?
La decisión de “dirigir el país” temporalmente responde, según la administración Trump, a la necesidad de estabilizar la región y garantizar que las mayores reservas de petróleo del mundo no caigan en manos de rivales estratégicos o grupos criminales. “No queremos que alguien más entre y tengamos la misma situación que hemos tenido durante los últimos años”, explicó Trump. Esta administración interina se enfocará en restaurar la seguridad interna y preparar el terreno para empresas internacionales.
La retórica de Trump ha sido clara: el petróleo es el motor de la recuperación. Durante una entrevista con Fox & Friends, el presidente ensalzó la capacidad de las petroleras estadounidenses, calificándolas como “las mejores y más grandes del mundo”. La intención de Washington es facilitar el regreso de estos gigantes para modernizar una infraestructura que ha sufrido décadas de desinversión, mala gestión y sanciones económicas.
Sin embargo, el camino hacia la recuperación total no está exento de obstáculos. Aunque el gobierno interino de EE. UU. busca una transición rápida hacia la democracia, la situación de seguridad en el terreno sigue siendo incierta. Los analistas advierten que la presencia de fuerzas extranjeras y la captura de la cúpula chavista podrían generar focos de resistencia interna, lo que complicaría el inicio de operaciones comerciales a gran escala en el corto plazo.
¿Por qué el petróleo es el eje central de la nueva estrategia de Trump?
Venezuela posee las reservas de crudo probadas más grandes del planeta, superando incluso a Arabia Saudita. No obstante, su producción ha caído dramáticamente, oscilando entre los 700,000 y 900,000 barriles por día (bpd) en el último año, una cifra minúscula comparada con los más de 6 millones de bpd que exporta Riad. Trump ha dicho muchas veces que el régimen de Maduro “robó” petróleo. Este petróleo debería haber sido gestionado con intereses de Estados Unidos. El vicepresidente JD Vance apoyó esta idea recientemente.
El enfoque actual de la Casa Blanca es revertir la tendencia de producción y desplazar a China como el principal comprador del crudo venezolano. Para lograrlo, la administración debe convencer a las juntas directivas de Houston y Nueva York de que el riesgo país ha disminuido. La “implicación fuerte” de la que habla Trump sugiere un marco legal y militar que garantice que las inversiones no serán nacionalizadas nuevamente, como ocurrió en la década de 1970 y bajo el mando de Hugo Chávez en 2007.
Actualmente, Chevron es la única empresa estadounidense que mantenía una presencia operativa significativa bajo licencias específicas. La compañía emitió un comunicado después de la captura de Maduro. Reafirmó su enfoque en la seguridad de sus empleados. También destacó la importancia de proteger sus activos. Aseguró que opera cumpliendo con las leyes actuales. El reto para Trump será atraer a otras empresas como ExxonMobil y ConocoPhillips. Estas empresas aún tienen juicios por miles de millones de dólares por expropiaciones pasadas.
¿Están realmente interesadas las petroleras estadounidenses en regresar?
A pesar del optimismo presidencial, el sector privado se muestra cauteloso. Informes recientes indican que la administración ya había sondeado el interés de las empresas petroleras el mes pasado, recibiendo respuestas mayoritariamente negativas debido a la inestabilidad política. Según Gregory Brew, analista de Eurasia Group, las empresas dudarán en entrar. Necesitan un entorno de seguridad estable. También buscan términos contractuales muy favorables. Esto es para compensar el riesgo de operar en un país con una infraestructura energética en mal estado.
Además del riesgo político, las empresas deben evaluar factores macroeconómicos. Con un mercado global que a menudo presenta exceso de oferta y precios volátiles, la inversión en crudos pesados —como los de la Faja del Orinoco— requiere de grandes capitales y tecnología avanzada que solo se amortizan a largo plazo. La pregunta que se hacen los directivos es si la estabilidad prometida por Trump sobrevivirá a los ciclos electorales y a la complejidad social de Venezuela.
No obstante, la captura de Maduro cambia drásticamente la ecuación. Con el principal obstáculo político fuera del camino, es probable que se inicie un proceso de renegociación de deudas y la creación de nuevas leyes de hidrocarburos. La posibilidad de que Estados Unidos reduzca el bloqueo total podría ayudar a que vuelva la inversión extranjera. Esto sucedería de forma gradual y con condiciones.
¿Cómo reaccionará el mercado mundial del petróleo ante este cambio de poder?
La primera reacción de los mercados tras la noticia de la captura de Maduro suele ser un repunte inicial debido a la incertidumbre geopolítica. Sin embargo, los analistas de Wall Street sugieren que, a mediano plazo, la caída de Maduro es una señal bajista (bearish) para los precios del petróleo. La lógica es simple: una Venezuela liberada de sanciones y bajo administración pro-occidental significa que pronto habrá más crudo disponible en el mercado internacional.
“La salida de Maduro podría presionar los precios a la baja, ya que se espera que los flujos de petróleo venezolano aumenten a medida que se normalicen las relaciones con Washington”, explicó Brew. Si la administración Trump logra coordinar una recuperación eficiente de la producción, Venezuela podría recuperar su estatus como un jugador relevante, incrementando la oferta global y ofreciendo una alternativa al crudo de Oriente Medio y Rusia.
La captura de Maduro representa el fin de una era y el inicio de un experimento geopolítico de gran envergadura. Mientras el mundo observa cómo se desarrolla la transición dirigida por Estados Unidos, el sector energético se prepara para una reconfiguración total de sus mapas. El éxito de esta “implicación fuerte” dependerá no solo de la fuerza militar, sino de la capacidad de Trump para ofrecer un marco de justicia y estabilidad que convenza tanto a los venezolanos como a los mercados internacionales de que esta vez, la historia será diferente.











