La controversia por el rediseño electoral en Texas escaló a niveles sin precedentes esta semana, con el FBI comprometido a colaborar con las autoridades locales para localizar a más de 50 legisladores demócratas que abandonaron el estado. Su objetivo: bloquear un plan impulsado por el presidente Donald Trump para redibujar el mapa congresional, una maniobra que podría otorgar a los republicanos cinco escaños adicionales en la Cámara de Representantes de Estados Unidos.
Un enfrentamiento político sin cuartel
El senador republicano John Cornyn anunció el jueves que el FBI, bajo la dirección de Kash Patel, apoyará a las fuerzas de seguridad de Texas para “ubicar” a los legisladores demócratas que huyeron a estados como Illinois, Nueva York y Massachusetts. “Agradezco al presidente Trump y al director Patel por actuar rápidamente para hacer rendir cuentas a estos supuestos legisladores por huir de Texas”, declaró Cornyn. La solicitud de Cornyn al FBI incluye preocupaciones sobre posibles violaciones a las leyes de soborno, sugiriendo que los demócratas podrían estar aceptando fondos externos para financiar su ausencia.
Por su parte, el FBI no ha detallado cómo participará en la operación, y la agencia declinó hacer comentarios. Sin embargo, su involucramiento ha generado críticas de líderes demócratas nacionales, como el representante Hakeem Jeffries, quien calificó la acción como un “abuso” de las fuerzas federales. “¿No debería el FBI estar persiguiendo a terroristas y traficantes en lugar de legisladores que ejercen su derecho a protestar?”, cuestionó Jeffries.
Órdenes de arresto y límites legales
El gobernador de Texas, Greg Abbott, intensificó la presión al emitir órdenes de arresto civiles contra los legisladores ausentes y solicitar a la Corte Suprema de Texas que declare vacante el escaño del representante Gene Wu, líder de la bancada demócrata. Sin embargo, expertos legales, como el profesor David Froomkin de la Universidad de Houston, consideran que estas órdenes son simbólicas, ya que no tienen validez fuera de Texas. Los demócratas, que se encuentran en estados liderados por gobernadores demócratas como J.B. Pritzker de Illinois y Kathy Hochul de Nueva York, han recibido promesas de protección. “Son héroes por defender la democracia”, afirmó Pritzker en una conferencia de prensa en Chicago.
Además, la táctica de los demócratas, conocida como “quorum break”, busca impedir que la legislatura alcance los 100 miembros necesarios para votar, según las reglas de la Cámara de Texas. La maniobra ha paralizado la sesión especial convocada por Abbott, que también aborda temas como el alivio por inundaciones que dejaron 136 muertos en julio. Los demócratas, liderados por Wu, sostienen que no abandonan sus deberes, sino que luchan contra un “atropello a la democracia”.
Un rediseño electoral polémico
El plan de rediseño, respaldado por Trump, propone reconfigurar cinco distritos congresionales para favorecer a los republicanos, aumentando su control de 25 a 30 de los 38 escaños de Texas en la Cámara de Representantes. Este ajuste, inusual por realizarse a mitad de década, ha sido criticado como un intento de gerrymandering para consolidar el poder republicano antes de las elecciones de 2026. Distritos como los de Lloyd Doggett y Greg Casar en Austin serían fusionados, mientras que el de Marc Veasey en Tarrant County sería reconfigurado para diluir el voto demócrata.
Por otro lado, la medida ha desatado una reacción en cadena. Gobernadores demócratas como Gavin Newsom de California y Pritzker han amenazado con redibujar los mapas de sus estados en represalia, aunque enfrentan restricciones legales, como comisiones independientes de redistritación. En Nueva York, Hochul explora una enmienda constitucional para acelerar el proceso, aunque no estaría lista antes de 2027.
Un precedente con riesgos
La estrategia de los demócratas no es nueva. En 2003 y 2021, intentos similares de romper el quórum en Texas retrasaron, pero no detuvieron, legislaciones republicanas. En esta ocasión, los legisladores enfrentan multas de 500 dólares diarios y amenazas de remoción, aunque expertos dudan que un tribunal avale la expulsión. Mientras tanto, la tensión crece, con el FBI en el centro de un debate sobre el uso de recursos federales en un conflicto estatal. Los demócratas, firmes en su resistencia, planean permanecer fuera hasta el fin de la sesión especial el 19 de agosto, desafiando las amenazas de Abbott y Cornyn.









