El presidente Donald Trump ha encendido la polémica al sugerir que podría alterar las sedes del Mundial 2026 si considera que algunas ciudades no garantizan la seguridad suficiente. En una rueda de prensa en el Despacho Oval este jueves, Trump apuntó directamente a urbes gobernadas por demócratas, como Seattle y San Francisco, por su supuesta ola de inseguridad. Aunque el torneo, coorganizado por Estados Unidos, México y Canadá, ya tiene contratos firmados con la FIFA, las palabras del mandatario generan dudas sobre su viabilidad real. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha expresado confianza total en el gobierno estadounidense para asegurar el éxito del evento. Con el sorteo programado para el 5 de diciembre en Washington, donde Trump asistirá, el tema de la seguridad se convierte en un punto caliente de debate político.
Trump no escatimó en críticas durante su intervención. “Espero que el Mundial sea seguro, pero si creo que no lo es, lo trasladaremos fuera de esta ciudad”, declaró, refiriéndose a sedes como Los Ángeles, que albergará ocho partidos. El mandatario vinculó sus preocupaciones al aumento de la criminalidad en áreas bajo control demócrata, describiéndolas como gobernadas por “extremistas de izquierda que no saben lo que hacen”. Esta retórica llega en un momento de tensiones internas, con despliegues recientes de la Guardia Nacional en varias urbes para contener disturbios. Aunque Trump confía en que no sea necesario actuar, su advertencia abre la puerta a un escenario inédito para un evento de esta magnitud.
El Mundial 2026 marcará historia al jugarse en 16 ciudades de tres países, con Estados Unidos como epicentro principal. Once sedes estadounidenses recibirán la mayoría de los 104 partidos, desde fases de grupos hasta la final en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Ciudades como Atlanta, Boston, Dallas, Houston, Kansas City, Miami, Nueva York, Filadelfia, Los Ángeles, San Francisco y Seattle forman la lista completa. Cada una ha invertido millones en infraestructura, desde remodelaciones de estadios hasta mejoras en transporte. El Lumen Field en Seattle, hogar de los Seahawks, acogerá seis encuentros, incluyendo uno de la selección local. En el área de San Francisco, el Levi’s Stadium en Santa Clara manejará otros seis, con énfasis en sostenibilidad y accesibilidad.
La seguridad como excusa política en las sedes
La inquietud de Trump se centra en el orden público, especialmente en ciudades con liderazgo demócrata. San Francisco y Seattle, con seis partidos cada una, han enfrentado protestas recientes que el presidente califica de incontrolables. “Si creemos que alguna ciudad puede ser mínimamente peligrosa para el Mundial, no lo permitiremos, lo trasladaremos a otro lugar”, insistió, extendiendo la amenaza incluso a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 2028. Aunque Chicago no es sede oficial, Trump citó sus estadísticas de delincuencia como ejemplo de lo que no tolerará cerca del torneo.
Líderes locales han respondido con firmeza, argumentando que sus ciudades están preparadas para recibir a millones de fans sin problemas. En Seattle, el alcalde ha destacado planes de seguridad coordinados con federales, incluyendo miles de agentes y tecnología de vigilancia. San Francisco, por su parte, invierte en programas comunitarios para mitigar tensiones. Estos despliegues de la Guardia Nacional, ordenados por Trump, han provocado choques en las calles, elevando la polarización. Expertos señalan que cambiar sedes implicaría no solo renegociar con la FIFA, sino compensar pérdidas económicas estimadas en cientos de millones por ciudad afectada.
⚽️BREAKING⚽️Together with fellow UN Independent Experts, I call on @FIFAWorldCup and @UEFA to suspend Israel from int’l football over the ongoing genocide of the Palestinian people.
Reinstatement can come only when genocide is over, occupation is over, apartheid is over. https://t.co/vINGzK1BcK— Francesca Albanese, UN Special Rapporteur oPt (@FranceskAlbs) September 23, 2025
La FIFA, como organizadora suprema, mantiene que las sedes están confirmadas desde 2022, con contratos que incluyen cláusulas de seguridad estrictas. Infantino reiteró que el organismo tiene “plena y total confianza” en Estados Unidos para entregar un torneo exitoso. Cualquier modificación requeriría acuerdo mutuo, considerando el impacto en patrocinadores y broadcasters globales. Trump, sin autoridad directa sobre las sedes, podría ejercer influencia a través de su relación cercana con Infantino, como se vio en eventos previos. Mientras tanto, mascotas oficiales como Clutch, Zayu y Maple simbolizan la unidad del torneo, ajenas a las tensiones políticas que lo rodean.
Otro factor que complica el panorama es la posible clasificación de Israel, que podría avivar protestas en sedes urbanas. Trump aludió a esto indirectamente, sugiriendo que el ambiente actual no toleraría disrupciones. En Filadelfia y Nueva York, con fuerte presencia de comunidades diversas, las autoridades locales planean protocolos inclusivos para evitar incidentes. El torneo, que espera atraer a 5.5 millones de espectadores, depende de un clima pacífico para maximizar su legado económico, proyectado en 5 mil millones de dólares para Estados Unidos.
Dudas legales y el poder de la FIFA
La gran pregunta gira en torno a si Trump realmente puede imponer cambios en el Mundial 2026. Legalmente, la FIFA retiene el control absoluto sobre sedes y calendarios, como estipula su reglamento. Contratos firmados con ciudades anfitrionas incluyen penalizaciones por incumplimientos, pero también flexibilidad para emergencias de seguridad. Fuentes cercanas al proceso indican que cualquier propuesta de Trump enfrentaría resistencia de comités olímpicos y federaciones nacionales involucradas.
Infantino, en declaraciones recientes, enfatizó la colaboración con el gobierno federal para reforzar medidas preventivas. Esto incluye entrenamiento conjunto de fuerzas de seguridad y simulacros en estadios clave. En Dallas y Houston, por ejemplo, se han ampliado perímetros de control para manejar multitudes masivas. Boston y Kansas City, con menos historia de tensiones, sirven como modelos de preparación sin controversias. Miami, con su vibrante escena futbolera, ya prueba sistemas de transporte para fans internacionales.

El sorteo del 5 de diciembre en Washington será un termómetro clave. Con Trump presente, podría usar la plataforma para reiterar sus demandas, presionando públicamente a la FIFA. Sin embargo, analistas dudan de un cambio drástico, dada la logística involucrada: reasignar partidos afectaría boletos vendidos y cadenas de suministro. Nueva York y Nueva Jersey, con la final en juego, representan el premio mayor, y su estabilidad relativa las protege de amenazas inmediatas.
En Atlanta y Filadelfia, líderes demócratas han invitado a Trump a visitar las sedes para ver de cerca los avances. Estas ciudades, con estadios como el Mercedes-Benz y el Lincoln Financial Field, han invertido en tecnología anti-drones y centros de comando unificados. La preocupación por Israel añade una capa geopolítica, pero la FIFA insiste en neutralidad deportiva. Mientras el torneo se acerca, estas declaraciones de Trump mantienen a todos en vilo, recordando cómo la política puede colarse en el fútbol.









